–¿No tienes ganas de verme?
–Sí tengo –y de veras
tenía.
Y
de veras te lo decía, porque no sé decir que no cuando siento que sí.
¿Uno puede sentirse feliz, feliz, feliz de pronto, aunque haya arrastrado las piedras de la tristeza hasta un segundo antes?Mientras mis compañeros me hablaban, yo espantaba las mariposas. Me saqué mariposas amarillas del pelo, tenía miedo de apretar los puños y matar las mariposas azules que estaban posadas en mis palmas.
En cuanto nos vimos, las mariposas huyeron todas dentro de tus ojos y varias veces las vi aletear en tus pupilas; mariposas y también luciérnagas de faroles encendidos.
¿Uno puede sentirse feliz, feliz, feliz de pronto, aunque haya arrastrado las piedras de la tristeza hasta un segundo antes?Mientras mis compañeros me hablaban, yo espantaba las mariposas. Me saqué mariposas amarillas del pelo, tenía miedo de apretar los puños y matar las mariposas azules que estaban posadas en mis palmas.
En cuanto nos vimos, las mariposas huyeron todas dentro de tus ojos y varias veces las vi aletear en tus pupilas; mariposas y también luciérnagas de faroles encendidos.
–¿No tienes ganas de verme?
–Sí, tengo… Sí, tengo unas ganas locas de verte…
Y lo digo de veras, porque no sé decir que no cuando siento que sí.
–Sí, tengo… Sí, tengo unas ganas locas de verte…
Y lo digo de veras, porque no sé decir que no cuando siento que sí.
Y las mariposas llenan mi airecito de alrededor, no se separan de mí,
¡te están buscando!
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