domingo, 1 de marzo de 2020

He aprendido algunas cosas.

He aprendido algunas cosas de haber vivido tanto:
Si estás vivo, experimenta una esencia con toda su energía
Que tu amada quede extenuada de tanto ser besada
Y tú debes caer rendido después de oler una flor
Una persona puede mirar por horas el cielo
Puede mirar por horas un pájaro, un niño, el mar
Vivir en la tierra es ser parte de ella
Desterrar las raíces que libres no arrancarán
Si te aferras a cualquier cosa, mantente junto a un amigo
Lucha por algo con cada músculo, cuerpo entero, toda tu pasión
Y si te tiendes unas horas en una playa abrasadora
Déjate descansar como una hoja, una piedra, un grano de arena
Para tu plenitud, escucha cada canción maravillosa
Como colmando a todo tu ser de sonido y melodía
Uno debe hundir primero la cabeza en la existencia
Como si uno se zambullera desde un acantilado en un mar esmeralda
Las tierras distantes te atraerán, gente que no conoces
Para leer cada libro, conoce la vida de los otros, estarás ardiendo
No debes reemplazar por nada el encanto de un vaso de agua
Sin importar cuán grande sea la alegría, tu vida se llenará de nostalgia
Debes saber del sufrimiento, honorablemente, con todo tu talante
Porque los dolores, como las alegrías, hacen brotar a una persona
Tu sangre se mezclará en la gran circulación de la energía
Y en tus venas fluirá la sangre fresca interminable de tu vida
He aprendido algunas cosas de haber vivido tanto
Si estás vivo experimenta extensamente, fusión con los ríos, cielos, cosmos
Para lo que llamamos savia somos un regalo entregado a la vida
Y la vida es un regalo concedido a nosotros.
Ataol Behramoğlu.

jueves, 25 de abril de 2013

La Vilariño

Recostado en tu silla
apoyado en la mesa del café
de tu cuarto
tirado en una cama
la tuya o la de alguien
que quisiera borrar
-estoy pensando en ti no en quienes buscan
a tu lado lo mismo que yo quiero-.
Estoy pensando en ti ya hace una hora
tal vez media
no sé.

Cuando la luz se acabe
sabré que son las nueve
estiraré la colcha
me pondré el traje negro
y me pasaré el peine.

Iré a cenar
es claro.

Pero en algún momento
me volveré a este cuarto
me tiraré en la cama
y entonces tu recuerdo
qué digo
mi deseo de verte
que me mires
tu presencia de hombre que me falta en la vida
se pondrán
como ahora te pones en la tarde
que ya es la noche
a ser
la sola única cosa
que me importa en el mundo.

domingo, 17 de marzo de 2013

¿Qué es "fácil" y qué es hermoso?

¿Fui fácil al dejarme cercar por tus largos brazos exigentes?

Y si todo fue tan hermoso, ¿qué importancia tiene que haya sido fácil y pasajero, y breve?
Oye, hombre mío, nombre de flecha y flor, hombre que surca el agua como un barco, hombre que hace temblar estrellas en el aire. Oye, no te reprocho nada.
No huyas pensando que te haré reproches.
No te alejes creyendo que hay una tinta amarga marcando mis palabras.
Si vinieras, si te acercaras, no te echaría cerrojos, no te ataría cadenas ni lágrimas al cuello.
Simplemente extendería mis brazos y dejaría que sembraras una huerta en mi cuerpo.
Una huerta que hace un tiempo dio flores y se llenó de frutas ,de acuarelas y de soles.
Si te acercaras, sacaría de la galera del mago una tarde igualita a aquella, segundo por segundo, con lámparas de azúcar al llegar la noche, y pájaros de niebla que se adormecen en la despedida.

Si te acercaras yo sería una red llena de peces amarillos, como pequeños soles madrugadores. Y tu serías un mago.
Si te acercaras tan lleno de tormentas como antes, yo sería la casa de la paz.

Oye, si vinieras por una tarde no más, tan sólo el tiempo exacto para repetir algo radiante, para poder decir que no me moriré sin que la dicha esté otra vez conmigo…

No te despediré con llantos ni con pañuelos desplegándose como los estandartes del dolor.
Nos diremos hasta pronto, como aquella vez.
Lo nuestro fue una casi historia de sólo tres días: el día que llegaste a buscar los papeles, el año nuevo del año siguiente y, después de muchas tardes de llamados y citas postergadas, una asfixiante nochecita de verano despidiéndonos. 


¡Si hasta inventé una historia de amor en la que fuimos protagonistas!
Fue casi una historia. O casi un momento.

Aun no se decirte que no

–¿No tienes ganas de verme?
–Sí tengo –y de veras tenía.

Y de veras te lo decía, porque no sé decir que no cuando siento que sí.
¿Uno puede sentirse feliz, feliz, feliz de pronto, aunque haya arrastrado las piedras de la tristeza hasta un segundo antes?Mientras mis compañeros me hablaban, yo espantaba las mariposas. Me saqué mariposas amarillas del pelo, tenía miedo de apretar los puños y matar las mariposas azules que estaban posadas en mis palmas.
En cuanto nos vimos, las mariposas huyeron todas dentro de tus ojos y varias veces las vi aletear en tus pupilas; mariposas y también luciérnagas de faroles encendidos.

–¿No tienes ganas de verme?
–Sí, tengo… Sí, tengo unas ganas locas de verte…
Y lo digo de veras, porque no sé decir que no cuando siento que sí.
 Y las mariposas llenan mi airecito de alrededor, no se separan de mí, 

                                             ¡te están buscando!

Intentar es dejar espacio al fracaso

No se entregaron.
Hubo un intento, apenas un intento.
Un barco que quiso llegar a puerto pero se dejó arrastrar corriente aFuera,
hacia cualquier tormenta, o hacia la misma tormenta de siempre.
Ella llevaba en sí largas caminatas por mañanas de sol, desolados cansancios
de tardes amarillas, el oído alerta para la llamada del despertador, la mano
preparada para sacar el boleto del tren del bolsillo interior de la cartera, la
lengua fría por un helado de frutilla saboreado sin prisa.
Él llevaba pegado a sus talones el polvo de las mismas baldosas andadas y
desandadas varias veces al día, un aplazo en un examen de la Facultad, cinco
novias distintas y repetidas hasta el aburrimiento, las ganas de no haber
devuelto, aquella vez, la billetera que encontró en la calle.
Y además llevaban otras cosas.
Ropas que fueron usadas y después regaladas.
Canciones de moda que se les pegaron y canturrearon bajo la ducha, quizás
las mismas canciones a un mismo tiempo, pero en lugares diferentes.
Tal vez algún asomo de alegría vivido a un tiempo, pero separados.
Tal vez alguna tristeza inmensa en una misma noche, pero bajo techos
distintos.
Lo sabían todo el uno del otro.
¿Qué puede haber de misterioso en la vida de una persona?
Y, sin embargo, no sabían nada, porque ignoraban nombres y fechas y lugares
donde habían pasado los veranos.
Hubieran tenido que contarse todo.
Hubieran tenido que hacer una larga lista de cosas, de sorpresas, de lágrimas, de sonrisas, de sobresaltos, agonías, desencantos, temores, de películas y
libros y poemas sabidos de memoria, de casualidades, descubrimientos, de
aceptación y de rechazo. Hubieran tenido que pronunciar cientos de miles de
palabras que fueran descascarando la soledad hasta dejar el cuerpo preparado
para la entrega, para la confianza. Hubieran tenido que atreverse a jugar una
carta, el todo por el todo, quitarse la máscara, esconder la reverencia, decir la
verdad, sea cual fuere, mostrar las lastimaduras, las arrugas, las vetas de oro,
las napas de barro.
Pero no se animaron.
Les faltó valor.
Ellos dijeron que les faltó tiempo. Pero les faltó valor.
Estaban engolosinados en su propia tristeza, estaban prisioneros bajo el
caparazón de la comodidad, no querían tomarse el trabajo de quitarse los siete
velos y ver la desnudez de la felicidad... porque temían que después del
séptimo velo apareciera de nuevo la soledad, la terrible, la zorra, despiadada.
Y entonces caminaron juntos unos pasos. Y entonces se estrecharon fuerte, se besaron, cerrando los ojos porque cada uno quería mirarse a sí mismo, nada
más que a sí mismo y no al otro.
Estuvieron acariciando el límite, lo exterior, la impenetrable puerta, la puerta
con cien cerrojos; y ninguno de los dos quiso buscar las llaves, ninguno de los
dos quiso empezar a abrir, ninguno de los dos quiso saber que había en
realidad detrás de la puerta que los separaba.
Por eso fracasó el encuentro.
Porque cada uno fue a encontrarse consigo mismo.
Porque cada uno fue a alimentar con llanto su propia soledad.
Porque cada uno llevó a su distancia y la puso en el medio.
Y a pesar de los besos, y a pesar de ser un hombre y una mujer llenos de
posibilidades, se dijeron adiós y lloraron, pensando que lloraban por decirse
adiós, pero sabiendo que cada uno lloraba por sus viejos dolores, otros
adioses, por otros intentos y otras historias. Y porque ya nunca podrían borrar
las distancias que los separarían de ellos y de los otros que quisieran, alguna
vez, acercarse a ellos.

Qué andarás haciendo ahora?..

Cansado,encendiendo las luces..sentado quizas en algun sillon.
Y yo,recordando sonrisas con fotografias probandome quiza algun vestido nuevo..soñando y preguntandome,que andaras haciendo ahora?